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TSA interviene en problemas provocados por plagas y humedades aplicando unos criterios racionales surgidos de la necesidad de preservar, en primer lugar, la salud de las personas y a su vez respetar el medio ambiente. El uso de productos nocivos o tóxicos no debe ser la solución habitual sino sólo el último recurso si tras recurrir a otros métodos estos no solucionan el problema. En el caso de las plagas el planteamiento se enmarca en una forma de abordar el problema que se conoce como Control Integrado de Plagas y que TSA aplica con el total convencimiento de ser la única forma racional de afrontar estos problemas. Otros métodos pueden ser "más fáciles" pero ser tremendamente dañinos.
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